Está situado a tan sólo una hora de Madrid, en el municipio de Pedraza y a 2 Km de Pedraza intramuros (en el barrio de La Velilla de Pedraza).

El centro de turismo "Puentes del Cega" está a 25 Kms del punto kilométrico 99 de la autovía N-I Madrid-Burgos (E-5 de la red europea). En este punto se coge la desviación a Segovia (N-110) y a unos 17 Kms, en Arcones, se toma el desvío a Pedraza (señalizado). A las puertas de esta villa (a 40 metros de sus murallas) hay un cruce. Se tuerce a la derecha y, bajando, a 2 Kms, en el barrio de La Velilla de Pedraza, junto al puente del río Cega, está ubicado el centro.


Latitud : 41 08' 31" N (41.14200) Longitud : 03 49' 39" W (-3.82760)

También se puede acceder desde el punto kilométrico 60 de la autopista de La Coruña (A-6), cogiendo el desvío hasta Segovia. Una vez allí y retomando la N-110 (sentido hacia Soria) se pasa por Torrecaballeros y Collado Hermoso. A unos 4 Kms de Collado se coge la desviación a Sepúlveda, a 9 Kms está el barrio de La Velilla de Pedraza, su primera casa es el centro de turismo.

Otra alternativa (si se viene desde el Sur) es subir el puerto de Navacerrada saliendo de la A-6 en el desvío que hay en el Km. 40. Desde el puerto, hay que bajar a La Granja de San Ildefonso y de La Granja a Torrecaballeros, retomando la anterior ruta.

También se puede llegar en autob&Ășacute;s, con servicio diario desde Madrid y Segovia, excepto Domingos, que sólo hay de retorno a Madrid. Para horarios consultar con la empresa Linecar en los teléfonos: 921427705 y 915287632.

Barrio de La Velilla,
	 donde está situado el Centro. Al fondo, sobre la colina
	se puede ver el castillo de Pedraza1.- Citas de la novela de Angel Esteban Calle "Semana de invierno en Pedraza": "...Llegué hasta Santo Tomé del Puerto y doblé a la izquierda, para tomar la carretera que conduce a Segovia. Discurre casi paralela a la sierra y sirve para llegar a una serie de pueblecitos pequeños, pero de un sabor auténtico y secular a castellano viejo..." "...Poco a poco me iba invadiendo una paz inusitada y se iban borrando las preocupaciones que ultimamente me habían atenazado y que me habían conducido hasta aquí. De tal modo se llegó a desdibujar en mi mente mi vida más actual, que todo lo relacionado con Madrid apenas se mantenía en mi memoria, como si fuese algo lejano, casi como si nunca lo hubiese vivido. Esta curiosa sensación se acentuó a&Ășacute;n más cuando, al llegar a Arcones, abandoné la carretera asfaltada (N-601) para tomar otra de piedra y tierra..."(que conduce a Pedraza y que actualmente también está asfaltada).

2.- De la novela de Juanpe Gonzalez Benito "Madrid, Plaza de Castilla": "...San Sebastián de los Reyes, El Molar, Venturada, La Cabrera, Buitrago..., a 200Kms. por hora, parecían volar en dirección contraria en alas de los nuevos tramos de autovía que se habían abierto recientemente dejando al margen los cascos urbanos..." "...Coronó el Puerto de Somosierra y tras coger, a la altura de Santo Tomé del Puerto , la desviación que lleva a Segovia, disminuyó la velocidad. Si algo le sobraba ese día era tiempo y el paisaje que se ofrecía ante sus ojos, abierto, diafano y luminoso, le invitaba a relajarse. La sequía había afectado poco a la comarca a juzgar por el verdor que lucían los enebrales de Pradena y Arcones..." "...Dejó a la izquierda Matabuena y por una carretera que apenas pasaban dos coches, llegó a Cañicosa, cuya estrecha encrucijada le obligó a poner la primera marcha. Al poco, tras un repecho, surgió, como una aparición, como un espejismo medieval, la villa de Pedraza. Se recreó saboreando la sensación de hallarse en tierra de Pedraza, tierra de trigo y cebada, de montes de encina y enebro, de iglesias y ermitas románicas, de leyendas y costumbres seculares, de calzadas romanas, de cañadas reales, de historias de condestables, de hidalgos, de arzobispos, de cabildos, de concejos populares, de pastores, de serranas, de entrañables rincones y lugares (...Valdevacas, lugar amado del Arcipreste de Hita, en el libro del Buen Amor)..." "...Descendió lentamente por la carretera que, a la derecha, bordea Pedraza, hasta su barrio de La Velilla, antiguo destacamento militar o "vela", que agrupa sus soleadas casas a la orilla del río Cega; allí, entre dos puentes, se le une el Vadillo, modesto, pero fiel afluente, compañero inseparable de la histórica villa que presume, con razón, de haber labrado sus cimientos" (en esta confluenia de ríos se encuentra el Centro de Turismo y el edificio de apartamentos).

3.- De un artículo periodístico de autor desconocido publicado en la prensa de 1950: "Estamos a la puerta de la Villa. Un escudo señorial remata el arco de medio punto con una fecha:1501. Sobre un collado, entre terrenos abruptos, como si estuvieran tajados a recios mandobles de rudos mesnaderos, alza sus apenas cien edificios, presos de la antigua muralla, como un escuadrón de vigilantes halcones petrificados frente a las cumbres serranas, a la par que oteando la llanura castellana, como hechizados por el rumor del río que a sus pies discurre..." "...Desde la Villa el horizonte invita a las rutas turísticas de otras villas típicas del más rancio abolengo histórico y legendario, que levantan, como viejas banderas mutiladas, las almenas y torreones de sus iglesias-castillos y de sus castillos-fortalezas, paradigmas de la España de la cruz y de la espada". Plano

4.- De otro más reciente publicado en una revista técnica especializada en urbanismo (1993), cuyo autor desanda el camino, volviendo a Madrid contra su voluntad: "...Me decidí, con pesar, a abandonar la Villa. Anochecía. Pude comprobar que sus calles, casi vacías (era Jueves), estaban impregnadas de ese encanto mágico, indescriptible, de las horas del atardecer pedrazano. Pero lo que más me impresionó aquella tarde, lluviosa por cierto, fue el paisaje que se ofrecía a través del arco de medio punto de la única puerta de entrada a la ciudad; actuaba como una gigantesca pantalla cinematográfica colgada del cielo: por la "Puerta de la Villa", como se llama, saliendo, se entraba en un mundo que por extraordinario se me antojo irreal: la Sierra de Guadarrama, poderosa, gigántesca, entre dos luces, con sus cumbres recién nevadas y un cielo cuajado de negros nubarrones, se levantaba, imponente, sublimando todo cuanto la vista alcanzaba: ruinas, huertas abandonadas y, a medida que me alejaba de las murallas, dehesas de enebro, montes de encina, campos de tomillo, prados de piedra y fresno... Todo palpitaba con fuerza inusitada; sin duda, el agua que caía, largo tiempo esperada, enriquecía la tierra comunicándola energía y la tierra respondía con un lenguaje tan expresivo que, en aquella soledad, entre tanta grandeza, me sentí reconfortado, como uno más de los elementos que integraban el paisaje; vivir me pareció sublime, el más preciado de los regalos".

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